El 11 de agosto de 2026 partí hacia Burgos a casa de una prima riojana que vive allí con su familia. Desde marzo estábamos ya con la copla de ver el eclipse en su zona que era privilegiada para el evento, eclipse total, 1 minuto y 44 segundos de duración, un lujo. He de reconocer que soy un adicto a todo conocimiento, así en general, pero en lo referido a astronomía y astronaútica casi le llega al nivel a mi frikismo por la ciencia ficción y todo su entorno. Mucho calor en tierras burgalesas en la víspera del eclipse, pero la ocasión lo merecía. Ese 11 de agosto, más o menos a la hora en la que iba a ser el eclipse y gracias a la aplicación de Pepo Jiménez aka @kurioso.bsky.social, localizamos muy cerca del portal de mi prima el sitio adecuado, aunque ella y su mozo ya habían buscado alternativas en cerros próximos.
A la mañana siguiente ellos se fueron a trabajar y yo de visita al Museo de la Evolución Humana. En ese museo, día especial, gratis y con horario continuado hasta las 19:00, así que miel sobre hojuelas. Me encantó, muy didáctico y eso que estaba petado de gente, ya pondré las fotos en mi otro blog de Medium. Al salir a eso de las 14:15 veo que en la rampa que da acceso al museo ya hay gente apostada con trípodes bajo un sol abrasador, miro a través de la App de Kurioso y veo qué buscan, ummm, luego veréis el resultado. Al lado del museo hay otro edificio que hace las veces de Auditorio para charlas y eventos y que tiene una cafetería con terraza en la explanada, allí también había trípodes y gente con apariencia de muy profesional. Vuelta a la App y era evidente el efecto que buscaban teniendo tan cerca esa maravilla que es la catedral de Burgos. Vuelta a la rampa y alguien se dirige a mí en inglés, ay, en ese momento me di cuenta que esto de ser muy friki puede tener consecuencias. saltamos de párrafo como el salto que di yo al escuchar eso de «eh, you!».
Llevaba puesta la visera histórica de la NASA, la del «gusano», lo que parece ser que me daba una impronta que no tenía. Me preguntó que qué estaba mirando con esa App y la razón de mis idas y venidas a la terraza o a la rampa, ¡glub!
En mi inglés de Amoroto le expliqué que igual en la terraza tenían mejor ángulo de lo que buscaban (in the corner is good (?)), que la App de Kurioso era muy exacta y daba muy buenos resultados. La buscó en su Iphone (no era una App sino una web), la compartió con sus otros colegas de los trípodes y a la terraza se fueron a medir ángulos, exposiciones y no sé qué más cosas. Hala, deber cumplido de técnico falso de la NASA.
Comida ligera en un restaurante oriental y a prepararse para el acontecimiento. Tenía una sensación extraña entre la tranquilidad y la euforia, el pulso acelerado que me caracteriza y una expectación relajada si así se podría denominar a «estar de los nervios pero controlado». Mi prima preparó una nevera portátil con bebidas, chorizo, queso, pan y otras viandas, la toalla verde para ver los cambios de color y que contrastaba con mi camiseta de tonos rojos para ver lo mismo, y para ella una silla de camping que le permitiría ver el eclipse como una marquesa. 19:40 y ya aposentados en la hierba del Paseo de las Fuentecillas, con las gafas puestas vimos cómo la Luna iba comiendo un trocito del Sol, poco a poco, sin prisa pero sin pausa. Mirábamos poco tiempo y descansábamos los ojos más del doble de lo mirado. A la media hora, a eso de las 20:15, ya no había tanta luz, el calor de Burgos había bajado de forma apreciable y los colores se difuminaban, pero no como habíamos esperado. 20:25 y ya a todo tren gafas en ristre para ver la dentellada final.
20:29 Zas! Oscuridad, fuera gafas, OHHH, tímidos aplausos, silencio, cronómetro en marcha, una sola foto, la de ahí abajo que es mala de solemnidad porque lo importante era vivir el momento y dejar el móvil en el bolsillo. No era oscuridad absoluta pero un niño le decía a su ama que se había hecho de noche y lloraba, el frescor aliviaba el subidón de adrenalina, en fin, inenarrable.
De mi boca salieron, creo que este orden, estas palabras:
¡¡¡BUAHHH!!!
¡¡¡ESTO ES LA H*STIA!!!
¡¡¡QUÉ GOZADA!!!
¡¡¡Y ESE PUNTO ROJO A LA IZQUIERDA!!! (era una fulguración)
¡¡¡BUAHHH!!!

La hija de mi prima hizo tres fotos con su Samsung y luego lo guardó para disfrutar del momento, ahí van:



Mientras, en otro punto de la ciudad, desde la terraza que os he comentado, alguien hacía estas fotos que aparecieron en el Diario de Burgos (están firmadas):




Cuando volvió la luz, la gente fue desfilando sin prisa, con esa sensación de haber vivido algo único, con caras de asombro, de «no esperaba esto», pero nosotros nos quedamos en el mismo sitio, hicimos contacto con una pareja de chicas que estudiaban en la universidad de Burgos y allí estuvimos de cháchara un buen rato, cambiando impresiones y nunca mejor dicho porque impresionados/as estábamos. Hasta la médula.
El primer día me costó dormir por el calor, el segundo por el subidón que tenía. En el post-eclipse hablamos de viajar al sur para ver el del año que viene, que 1 minuto y 44 segundos está bien, pero que queremos más.
Somos gente del siglo XXI, vivimos en un mundo donde la Ciencia había predicho los tiempos, las localizaciones, nos había prevenido para no mirar prolongadamente al Sol, nos habían generado unas expectativas que al menos en mi entorno se cumplieron con creces, hasta el infinito y más allá, pero esto no ha sido siempre así. Me imagino en otros tiempos, cuando de noche sí se veían estrellas porque no había contaminación lumínica, cuando los ciclos del Sol y de la Luna eran los que transcurrían un día tras otro y de repente, una mañana o una tarde, el Sol se ocultaba y se hacía de noche en un momento que no correspondía. El asombro y el miedo creo que cotizarían a la par, buscarían explicaciones esotéricas y esperarían funestas consecuencias. Hoy estamos preocupados de los precios de los alojamientos para ver el próximo que sabemos que la Ciencia nos ajustará en tiempo y localización al segundo y al milímetro.
De propina os dejo un vídeo de Carlos Navas aka @carlosnavas91, pero como dice él y como cree toda persona de mi entorno que lo vivió, nada es comparable a verlo en directo. NADA.
