
He reciclado algo que escribí en época de pandemia y que estará allí abajo, en las tripas de este blog. Unos ligeros retoques, pero con la misma ironía rozando el sarcasmo que me caracteriza.
Casi 38 años son un montón de experiencia en esto de la tiza (y ahora la pantalla), y amigos, YO HE VISTO COSAS QUE VOSOTROS NO CREERÍAIS. Ahora viene una especie de clasificación nada científica del PROFESORADO y de ALUMNADO que he visto este periplo:
- Profesorado que cree que hay que aprobar a todo el mundo, que bastante hacen con venir a clase y portarse más o menos bien.
- Profesorado que cree que hay que suspender a todo el mundo para que aprendan.
- Profesorado que se leyó El Libro Rojo del Cole y sabe lo que es «el cuaderno mágico del profe», es más, lo guarda bajo siete llaves.
- Profesorado que es alérgico a las TIC, que no ven en la tecnología al aliado, sino al enemigo que les va a quitar el trabajo, su trabajo.
- Profesorado que es adicto a las TIC y que el día que se cae Internet o no hay luz eléctrica no sabe qué hacer con su vida o con su alumnado.
- Profesorado que se sabe todas las leyes, pero todas todas, hasta las enmiendas, y machaca a sus colegas y a la junta directiva con su sapiencia en eso que tiene tantas barras.
- Profesorado que «siempre» sabe lo que le conviene a su alumnado, sin lugar a dudas, y no se te ocurra replicar.
- Profesorado que repite el modelo de aquel profe que tanto le enseñó y que cree que el 100% de su alumnado es como él o ella era a su edad.
- Profesorado que se sube a cada ola renovadora, la surfea, que no puede parar de innovar aunque lo que aplique en clase sea más viejo que el hilo negro.
- Profesorado que cumple justo su horario y sale disparado, más rápido que el propio alumnado.
- Profesorado que siempre llega tarde con las más peregrinas excusas, lo del perro y los apuntes es casi una broma.
- Profesorado que maneja la clase con guantelete de acero, que no deja zumbar ni a una mosca y la tensión sale por debajo de la puerta.
- Profesorado que maneja la clase con guante de seda, su alumnado trabaja a gusto y el buen rollo sale por debajo de la puerta.
- Profesorado que da conferencias en cada clase, y que una de dos, o duerme a las ovejas o deleita al respetable, a veces según el día.
- Profesorado que genera material a espuertas, que trabaja no sólo para su alumnado sino para su propio regocijo, porque le divierte hacerlo aunque a veces le mortifique lo poco que se aprovecha.
- Profesorado atado a sus libros de consulta, a los materiales que generan las editoriales que les regalan bolígrafos y agendas.
- Profesorado que lo apunta todo, cada ejercicio, cada pregunta, cada movimiento, con una agenda que siempre huele a tinta y que se antoja imposible a la hora de hacer medias.
- Profesorado que no apunta nada, que sabe la nota que va a sacar cada persona desde la primera semana de clase. A veces acierta, a veces no.
- Profesorado «súperamigui» de su alumnado, que le ríe sus gracias y no cree en ninguna disciplina, aunque crea a veces en cosas más peregrinas.
- Profesorado que viene amargado a trabajar a diario, que ve enemigos en cada persona que pulula por el centro, y que no sabe salir de su neura.
- Profesorado que parece que desayuna speed disuelto en Red Bull, que viene con la misma energía con la que se va, que agota a propios y extraños.
- Profesorado que sabe muchos idiomas y no los mezcla nunca, toda mi admiración.
- Profesorado absolutamente talibán con su asignatura, esto es, no existe otra más importante, no hay una que reúna a la vez tantos valores y eso exige una dedicación al 100%, a las otras que les den.
- Profesorado que hoy es «arre» y mañana «so», que hoy es Harry el sucio y a la semana siguiente es de BlandiBlub, que hoy da clases magistrales y mañana insiste en trabajar por descubrimiento en grupos flexibles y abrazándonos todos.
- Profesorado que se concentra en su pizarra, que le da igual lo que pase a su espalda, que se explaya escribiendo y dibujando diagramas y sólo se da la vuelta para obligar a copiar su magna obra bajo pena de «negativo» o expulsión
- Profesorado que nunca ha manejado bien la pizarra, pero se sigue empeñando en ello, que lo que escribe en la esquina superior izquierda continúa en la esquina inferior derecha y acaba en la esquina inferior izquierda, y para más inri pretende que se entienda todo.
- Profesorado que no es que adorne sus explicaciones con anécdotas personales, es que toda la materia es eso, una anécdota, o mejor y parafraseando a Berto Romero, una vivécdota, porque la vive mientras la narra.
- Profesorado que trata con respeto reverencial a la persona de Inspección, pasa de sus colegas y desprecia al bedel, o al revés, o en combinaciones diversas.
- Profesorado que trata mejor a padres y madres que al alumnado y también ocurre la viceversa.
- Profesorado que considera que cualquier incidente que ocurra en SU clase es cosa de la Directiva y allí acude raudo a solucionar su falta de autoridad y control.
- Profesorado que programa tan, tan bien, que ha de terminar lo programado aunque pise la clase siguiente o deje sin recreo al grupo.
- Profesorado que es padre o madre además de docente y juzga y condena a cada uno de sus colegas por ser malos educadores, más aún a los que no han accedido a la maternidad o la paternidad, por eso de «qué vas a saber tú si no tienes descendencia».
- Profesorado que se apunta a todas las formaciones, sean desde las cosas más serias hasta las marcianadas más apabullantes. La hoja donde lleva apuntados todos esos cursillos acabó con un bosque de lo larga que es.
- Profesorado que no se apunta a nada, que se considera formado per se, que se ha hecho a sí mismo y así de mal está hecho.
- Profesorado de Secundaria que quiere estar en la Universidad porque en su etapa y en Bachillerato hay poco nivel.
- Profesorado de Secundaria que desearía estar en Primaria porque allí es donde se forjan las conciencias, se malean los cerebros y se entrelazan los mimbres adecuados para un futuro aprendizaje significativo. Coelho feliz.
- Profesorado de Primaria que desearía estar en Secundaria porque allí se trabaja menos, y de Secundaria que quisiera estar en la Universidad por lo mismo, ídem del lienzo.
- Profesorado de la Universidad que pontifica sobre cómo hay que enseñar en Primaria, Secundaria y Bachillerato, pero que no tocaría una escuela o un instituto ni con un palo.
Y ahora el alumnado con otro tipo de redacción:
- Tengo una alumna que parece estar siempre en las nubes, pero que luego las pilla al vuelo y se ríe hasta de mis chistes malos.
- Tengo un alumno que está superatento, que no quita ojo a la pantalla o a la pizarra y en cuanto le preguntas algo de lo comentado resulta que estaba en la Luna, o que no había entendido nada que también puede ser.
- Tengo una alumna que necesita preguntarlo todo, lo que entiende y lo que no entiende, todito todo.
- Tengo un alumno que empieza sus preguntas así, «esto no tiene que ver con el tema, pero tengo una duda». Te puedes temer lo peor, desde preguntas sobre algo que ha visto en Internet, o aún peor, en Tele 5. Y cuidado con lo que le respondes porque en la reunión padres y madres te van a recordar lo que le hayas dicho.
- Tengo una alumna que sólo te hace preguntas personales: «¿Tienes novia? ¿Cuándo dejaste de ser virgen?».
- Tengo un alumno que nunca toma apuntes, que hace justito los ejercicios, que nunca estudia con esquemas o resúmenes y aún así aprueba sin dificultad.
- Tengo una alumna que tiene mil presiones en casa, que le exigen la máxima nota y eso le genera una ansiedad constante. Hablar con sus progenitores suele servir de poco.
- Tengo un alumno que es superdesagradable en clase, tanto conmigo como con sus compañeros, pero es un encanto en los pasillos. Un encantador de serpientes más bien.
- Tengo una alumna que se prepara preguntas para dejarte en fuera de juego, tiene la respuesta perfectamente documentada y te la va a arrojar a la cara como te escapes por la tangente. (Yo era igual que ella).
- Tengo un alumno que no se aprecia nada, que se considera feo y tonto, que cree que es incapaz de aprender nada, pero no es así, nadie piensa eso de él salvo él mismo.
- Tengo una alumna que ha probado todas las técnicas de estudio, esquemas, resúmenes, grabarse la lección, dormir con auriculares para oirla, utilizar todo tipo de colores para subrayar, reescribirlo todo. Lo curioso es que no le hace falta nada de todo eso, es una esponja en clase y le sobra la mitad de lo que hace para sacar notazas.
- Tengo una alumna que me dice que ella en el examen va a poner lo que yo le cuente, pero que no cree en la evolución y que de ese burro no se baja.
- Tengo un alumno que hace unos años no tenía claro si quería estudiar o no, al acabar en el instituto jura y perjura que no se acordaba de esa duda, es más, ahora lo tiene muy, muy claro.
- Tengo una alumna que es excelsa en Ciencias, en Letras y en todo lo que se ponga por delante. Se ha indignado al enterarse de que solamente puede hacer un Bachillerato.
- Tengo un alumno con la intención de hacer varias FP, probar de todo, equivocarse, picar en varios ámbitos y luego hacer un grado superior en lo que más le guste. Y luego igual ir a la Universidad.
- Tengo una alumna que quería repetir curso a toda costa, no se sentía con ánimo de cambiar de instituto, de conocer nueva gente, prefería estar con gente dos años más joven que ella. Al final ha aprobado.
- Tengo un alumno que le saca pegas a cualquier metodología, critica la clase magistral, el uso de las TIC, el trabajo individual, el colectivo, la labor del profesorado, de la orientadora… Eso sí, que él no dé un palo al agua no cuenta para nada.
- Tengo una alumna que analiza perfectamente los defectos a la hora de dar clase de todo su profesorado, es más, creo que acierta casi al 100% en cada una de sus afirmaciones. Siempre las hace en privado y en clase es una alumna ejemplar con cualquier docente. A mí me gusta hablar con ella, me ayuda a pulir todos mis fallos que son muchos.

