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Fahrenheit 451 hoy

Mikel 1 semana ago 0 83

Me indigna mucho enterarme de algo que me revuelve las tripas, que para entrenar a un modelo de lenguaje de IA se habían destruido millones de libros de papel, por aquello de eludir las leyes de los derechos de autor. Podéis leerlo en WIRED, id y volved.

Wikimedia

Pero parece que no es solamente una empresa de IA, que muchas lo están haciendo y que algunos jueces dicen que es legal (aunque están los jueces como para fiarse de ellos). Parece ser que guillotinan los lomos de los libros, alimentan máquinas de escaneo con esas hojas y así «instruyen» a su modelo. Hay alguna imagen de ello, pero no me fío de ellas, la IA es casi indistinguible de la realidad en estos casos. Estoy indignado y cabreado.

En este blog se ha hablado mucho de la lectura y si quieres leer entradas de hace mucho, mucho tiempo, aquí abajo te pongo los enlaces en orden cronológico:

https://eztabai.info/la-aficion-a-la-lectura-y-los-comics-o-los-tebeos/

https://eztabai.info/como-me-enamore-de-la-lectura-y-otros-cuentos-contables-primera-parte/

https://eztabai.info/como-me-enamore-de-la-lectura-y-otros-cuentos-contables-segunda-parte/

https://eztabai.info/como-me-enamore-de-la-lectura-y-otros-cuentos-contables-tercera-parte/

https://eztabai.info/un-inciso-alkain-nos-quiere-comentar-como-llego-al-mundo-de-la-lectura/

https://eztabai.info/como-me-enamore-de-la-lectura-y-otros-cuentos-contables-epilogo/

En estos nuevos tiempos de IA, de Internet veloz al alcance de cualquiera y en mil artilugios diferentes, el libro parece ser una entidad en crisis, un objeto que ha perdido su utilidad y su finalidad. Por si eso fuera poco, y a pesar de que ahora leemos mucho, igual mucho más que antes (eso sí, en pantallas), y a una velocidad pasmosa, resulta que también hemos perdido alguna capacidad que antes poseíamos y lo explica muy bien Andrea Gómez en ethic en este arículo: ¿Estamos perdiendo la capacidad de leer con profundidad?

Andrea apunta lo ya dicho arriba, que leemos mucho, que estamos rodeados de texto, pero que no permanecemos concentrados en la lectura como antes. Probablemente yo sea el peor ejemplo de dispersión, muchas veces tengo puesta la televisión mientras en la mesa de delante tengo a la vez abiertos el portátil, el móvil y una tablet, voy saltando de uno a otro sin mesura, soy un desastre y me encanta lo digital. También sé concentrarme en un solo libro, hoy en día en Ebook, aunque de vez en cuando compro libros por cambiar de hábitos (que no consigo, cambiar digo). Puedo imbuirme en un libro y dada mi velocidad lectora, hasta los tochos más indecentes me duran poco, eso sí, doy el salto a lo disperso en cuanto acabo el libro. Antes, abandonar un libro era pecado mortal para mí, creo que solamente lo hice allí por la prehistoria con el Ulises de Joyce que me parecío un truño para culturetas, hoy abandono más fácil, entre otras cosas porque hay mucha oferta de lectura. En mi entorno hay mucha gente lectora y otra mucha que no toca un libro ni con un palo, igual se ha perdido aquel toque que tenían los libros que salen en la novela que da título a esta entrada en el blog, libros que eran quemados allí o que son olvidados aquí.

Esta sociedad «comercia» con nuestra atención, nos dispersa, los mensajes son cortitos y contundentes o no les prestamos esa cacareada atención. Esta entrada en el blog ya es muy larga en este «comercio» y ya habré perdido la mitad o más de la gente que lo empezó. Pero no se vayan todavía que aún hay más.

Cuando daba clases le preguntaba a mi alumnado cómo leían en su red preferida, Instagram, y siempre decían que un texto más allá de un par de líneas ya era infumable. La paradoja es que sí leían libros (las chicas más que los chicos), pero según la circunstancia usaban la lectura en diagonal, en F mayúscula, a saltos o con concentración en un libro largo, según el entorno diferentes estrategias. Lo de la comprensión lectora lo dejo para otra entrada en el blog.

Voy a acabar que no quiero perder a más gente. Creo que ya no me pasarán cosas maravillosas como las que sentí con El nombre de la rosa, sumergirme en aquel convento con Guillermo y Adso, ya no volaré en naves con aquella emoción adolescente, leeré hasta que no pueda hacerlo y no, no sé cómo acabar con la tendencia que parece dominar Occidente, «todo por la IA pero sin nosotros». Y sin libros.

 

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Antimilitarista, bilbaino, irakaslea, geek, microbiólogo, euskaldun y procrastinador. Bastante ácrata e idealista. Naturazalea eta mendizalea.

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